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jueves, 11 de abril de 2013

13. Last Summer.

Voy a situarme, mientras rememoro, en el momento exacto en el que entendí algo que pensaba que ya sabía.
Rafe apareció de la nada, un miércoles, podría haber vuelto un jueves, pero volvió un miércoles. Yo no lo sabía, no sabía que él se encontraba en el mismo pueblo que yo, viendo el mismo mar, los mismos árboles y escuchando la misma risa relajada de su tía. Yo no lo sabía, porque él no me dijo hola hasta el viernes.
Digamos entre el miércoles y el viernes yo no pensé en nada que no fuera que por fin me había librado de las preguntas de Strudel, que la señora Hays ya había vuelto y todo estaba donde tenía que estar... Menos Rafe creía yo.
Pero ahora, después de tres años y medio, me he dado cuenta del porqué Rafe no dijo nada de su llegada, porqué se quedó dos días a la sombra de su querido bosque.
Ya lo sé...
Rafe había estado en la ciudad pero eso tampoco lo sabía, ni lo supe hasta tiempo después, en la última semana del verano para ser exactos. Rafe  estaba muerto de miedo.Y es el miedo más atroz que puede soportar alguien como él, o como nosotros, o como todos. Miedo a haberse perdido así mismo, su carácter, sorprendente, original y dinámico. Miedo de haber perdido sus pensamientos, de que los altos edificios de la ciudad se hubieran tragado su sonrisa, su alma inconformista y atropellado a su corazón rebosante de magia, pues él que normalmente tenía las manos preparadas para hacer trucos, el humo de los cigarros, el ruido de la baja autoestima de una ciudad demasiado grande, había hecho que las escondiera, no fuera a ser que el ácido de sus sangrantes corazones quemara sus palmas.
Miedo de no volver a crear de la misma manera que creaba antes de irse, donde había estado no había trabajado demasiado la imaginación, y temía que ahora estuviese atrofiada.
Quizás creía no volver a ser el My Lord de Al y de Carol...
Es ese tipo de miedo a convertirte en otro más, y no ser Rafe sino Rafael.
Haberme dado cuenta ahora, es algo que me avergüenza, porque podría haber preguntado por él a la señora Hays, podría no solo preocuparme por mi y por unos sentimientos caprichosos sino de alguien que asustado se escondía en las madrigueras de los conejos, mirando a las nubes cambiar de forma pensando en que si te pierdes a ti mismo, si dejas que algo te transforme... ¿En que te conviertes? ¿En una imagen de ti mismo?¿O en una sombra de lo que fuiste? Pero el mayor miedo de él era convertirse en nada.
(Ahora poned esta canción mientras leis lo siguiente: Click)
Él describía el no ser nada como cuando ves el sol a través de un telescopio; al principio parece ser tan grande, te han contado tantas cosas sobre el y después es tan pequeño como la lente que lo refleja en tu ojo. Cuando lo vio pensó que era exactamente igual que como le habían dicho que era, con esas fuentes de gases, con eso pelos que de deshacen en mitad del espacio, con puntos negros, que nunca supo que eran exactamente, con cuatro burbujitas pegadas unas a otras, como el dibujo gráfico de los átomos, con sus electrones y protones revoloteando alrededor. Lo ves así, crees que es bonito, pero cuando te quitas y te das cuenta que la tierra va muy deprisa que en dos minutos veías el sol ocupándote toda visión de repente es como una media luna. Y quieres saber como es tocarlo, que estás a punto de alargar el brazo al vacío de tu derecha pensado que está ahí, que está ahí. Pero no hay nada y no sientes su calor. Quieres tocarlo, y no puedes, nunca podrás, y ese es el momento desolador, en el que la tierra que te mantiene en pie te arrastra al vacío de su universo a oscuras. El infinito parece no existir comparado con tu deseo que querer tocar a esa gran estrella, verla, quizás olerla. La desesperación, la frustración de no poder hacerlo y de mantenerte quieto, muy quieto, pensando en que ya te moverá el planeta, que tu estás cansado. La nada.
Era una definición muy larga y complicada de entender, por eso yo no intenté si quiera comprenderlo, solo lo miraba. Porque sí, él no me dijo donde había estado ni que había hecho pero sí que tenía miedo pero yo no sabía de qué, me contó que de la nada y aun así, yo tan poco empática como era entonces, no lo entendí. Me miraba implorando una respuesta que le convenciera de que eran tonterías suyas, de que él, seguiría siendo él.

(Por si sentís curiosidad eso del sol, me ha pasado a mi hoy mismo, he ido de excursión al observatorio y hemos podido ver el sol y los infrarrojos a través de una pequeña lámina transparente, ha sido interesante, estar dentro del telescopio y eso. Peor lo del sol, verlo tan insignificante... Me apetecía verlo una y otra vez, entendí la pasión de los astrofísicos)

                                                               

2 comentarios:

  1. Yo también tengo miedo, como Rafe, pero el mío es un miedo acumulado, tengo miedo a perderme también, a no conocerme o ser una persona que nunca que quise ser...
    Excelente, como siempre.

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  2. Oh, no se que decir... de todas las razones por la que pensaba que se había ido Rafe, jamas pensé que fuera por eso. ¿Rafe pensaba que se estaba perdiendo? NO Y NO Y NO... si me encanta! Me parece un personaje tan inusual y necesario, todos deberíamos conocer en nuestra vida un Rafe.
    Aunque, si te soy sincera me alegro de que vuelva y espero que ella le ayude para que se sienta mejor y vuelva a ser el.
    Me encanta este capitulo, para mi, uno de los mejores de la historia... ademas lo escribes tan... uff sin palabras es realmente bonito como lo haces.
    Adoro tu historia y tus textos.
    E igual como a dicho la chica de arriba, yo tambien tengo miedo a pederme, a no mostrarle al mundo como soy realmente o a no mostrarmelo yo misma.
    Un capitulo del que se deberia aprender y que todos por un lado nos podemos sentir identificados con Rafe.
    PERFECTO.
    Un beso tamaño icebeg titanic =)

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