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lunes, 14 de mayo de 2018

Carta que nunca envié.

He estado pensando mucho en ti últimamente,
porque cada vez que se habla del séptimo arte es inevitable que aparezca en mi memoria tu nombre. ¿Sabes para qué sirven las palabras, los nombres? Son símbolos que nos recuerdan algo, -"perdido" añadió el profesor Fortanet-. Aunque yo en una esquina de mis hojas escribí un breve ensayo sin conclusión sobre la razón por la que no me parecía del todo correcta esa definición. ¿Qué le parece a usted?
El caso es que ahí estaba yo, hace una semana, sentada en la primera fila maravillándome de lo que el profesor Aragües nos proyectaba, "El hombre cámara" de Vertov, en contraposición de la teoría de Eisentin que veía el cine como una fábrica de atracciones. Para mi no hay tanta diferencia, al fin y al cabo tu eliges las escenas que quieres mostrar y trabajas sobre ellas aunque no hubieses tenido una idea clara al principio de la grabación. Porque siempre hay una intención más o menos ideológica pero ahí está.l Además ese ojo confundido que ya no sabe ni a dónde mirar de tan rápido que va el mundo en "El hombre cámara" está ahí por un montaje y produce el mismo desconcierto del ojo en los espectadores.
Fue precioso.
Luego al esperar al tranvía en la parada y verlos a ellos, a la gente, a los tranvías, observé el increíble parecido con la obra. Podríamos grabar la misma película ahora. Sin cambiar una sola toma.
Semanas después en Imagen, nos pusieron una de cine estructural, "So is this" de Michael Snow, si los artistas nombrados anteriormente hubiesen visto esto, ellos con su revolución y su vanguardia se habrían escandalizado. Snow te dice que el cine lo hace el espectador, si hay alguien mirando una pantalla en la que solo aparecen letras, entonces es cine. Afirma el poder del público y eso me gusta porque nos recuerda que somos nosotros los que hacemos arte, visto el artista mismo como público de su propia obra.
Que todo es arte.
El mundo debería pararse al ver un amanecer, la luna, el sol (todo el mundo debería ver el sol -por un telescopio, quiero decir-). Ver el sol fue una de las experiencias más bonitas. ¿Lo has visto tú?, ¿Quieres que te cuente como es? La gente ya no aprecia como apreciaba las historias, un arte, saber contar lo imposible y lo posible, y tener la capacidad de fascinarte. Porque quizás haya que darle la razón a aquel adolescente iluminado que dijo que la vida no se cuenta por las veces que respiramos sino por los momentos que dejan sin respiración.
Me he subido a un león y le he acariciado el lomo y él me congeló los pies descalzos, una visión muy Narniana porque también vi el reflejo de un rey en el agua y caminé por un paseo con saber a mandarina. De esos recuerdos vivo yo en otoño.
¿Qué maravillas te han dejado sin aire los pulmones? 
¿Te preguntas a cerca de la importancia de todo esto, de las pates más fascinantes y de las menos? Yo he pensado en solo dedícame a escuchar a los verdaderos pensadores y así yo poder hacer lo que mejor se me da: ser filósofa, amar el conocimiento sin llegar a obtenerlo nunca. Puede que luego vaya al Puente de Santiago y se lo cuente todo al río, dejar que fluyan las esencias de lo aprendido y así contaminar el agua de sal.
Quizás mi confianza haya decaído un poco, y esta carta no tenga sentido para nadie. Pero un día dijiste estar dispuesto a leer mis excentricidades, aquí están, todavía aprendiendo las reglas del juego.
Te he escrito una carta, una carta larguísima. En la que haciendo de Dostoyeski, cuando le escribía una carta a su mejer diciéndole que se había jugado todo su dinero y que le mandase más, yo escribo sobre maravillas y sobre el final del deseo de existir a cualquier precio, existimos demasiado y ya no somos, y ¿si ya no eres, existes? La diferencia entre uno y otro concepto se me confunde. Luego, al final de esto copio a Lorca en sus cartas al finalizaras así:
"P.D.: Escríbeme enseguida".
Y luego un espacio más abajo a la derecha una que le trastornada, esta es la mía que preguntó Rafael Alberti en un dibujo expuesto en un museo: ¿tiene el bosque en su umbría conversación de mar?


"Cuando crezcas, Aitana, 
Le enseñarás al mar astronomía.
De lejos tiene el mar conversación de bosque, 
¿tiene el bosque en su umbría conversación de mar?"

Rafael Alberti.


Conversación con estrella de mar.
En primero de carrera, 
en otoño.
A alguien que un día paró de escribir.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

'Estudio de manos'

- He llegado.
No digo mi nombre. Se lo susurro a mi hombro como a un amigo muy íntimo con el que compartes noches, madrugadas y amaneceres agotadores. Lo hago para no conferirle a nadie un conocimiento mayor de mí misma que el que yo misma tengo. Abrazo al egoísmo, me atrapa en mitad de un paso y tira de mi hacia su torso duro. Es un ladrón de versos, rápido y contrito. Es el fiel seguidor de equivocaciones. Siempre viene como última pieza en el puzzle de la mente abstraída. En el mapa de lo sueños es el marcador más a mano. Y en las noches muy cerradas es la linterna de la supervivencia.
Mientras camino por el pasillo estrecho de mi propia vida carcelaria (solo de madrugada), escupo la saliva envenenada de rabia y principios zozobrantes en la barca de Caronte. Intentan cruzar y no pueden. No tienen una moneda debajo de la lengua, no tienen fuerza su garganta ni un color oscuro la sangre de sus venas, tenían poco camino que recorrer. Freno en seco a las puertas del Infierno. Me como una granada. Y luego sigo hacia delante. Ahora quién se atreverá a interponerse entre el inevitable sentimiento de volver al principio o quedarse en el futuro todavía enmarañado.
Ojalá, y sin que lo permitiera Alá, en este solitario planeta en un aislado universo condescendiente, sin pensar si es cultura o naturaleza miraré lejos de este Matrix y te diré que he hecho lo que he podido, me miraré las manos y pensaré que soy un medio para un fin, un fin indefinido. No será malo. Ni Kant ni Marx se me tirarían al cuello, se en el fondo que es el miedo a la insignificancia del ser humano lo que temen, temen la inutilidad de este animal demasiado inteligente para un planeta que en ocasiones no da para más.
Escucha papá no debiste irte, no debiste dejar que llorase el resto de mi vida por ti, no debiste dejarme esperando que me vinieses a buscar, no debiste desaparecer antes de haberme visto besarme y luego condenarme, negarme tres veces para luego caerme, tirarme, arrojarme, convertirme en figura manierista lejos de la virgen del cuello largo, resbalándome por unas rodillas veleidosas "Déjame caer que del suelo no paso"
Constante miedo. Persistente incertidumbre en mis entrañas ominosas. Dilo bien alto pequeña. Que les pasará a las líneas de mis manos que no tienen vida y destilan destino los sábados por la tarde. Que le pasarán a mis uñas que no pretenden agarrarse a lo hilos deshilachados de una rutinaria vida que se acaba. Te lo vas a perder. Corre, papá. Corre siempre. De la misma manera que yo te espero.
- Sí, tarde.
- Nunca es tarde.
- Siempre lo es.
Iré lejos por esta carretera a punto de estar sin asfaltar. Respetando el límite de velocidad, porque se sabe que cuando lo superas los Dioses se ríen de ti y mueren otra vez, desplomándose en sus butacas de rey.
La última vez que me miré las manos estaban manchadas de tinta sin una mínima pista de lo próximo que tendría que hacer si aparecía un pájaro sin alas entre mi calendario programado y yo.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Sin corregir. Sin que le importe. Sin excusas... Hola.

Voy a hablar de ella, de mi, del reflejo de mis ojos en el espejo, como si todos los espejos en los que me he visto reflejada fueran partes de uno entero, quizás lo sea, quizñas todos estén conectados y al morir veamos el espejo entero con todas las veces en las que nos hemos mirado en uno, desde la tierna y dulce infancia, quizás sea eso lo que la gente llama ver tu vida pasar ante tus ojos a rácama rápida. Todas las veces que lloraste mirándote a los ojos y escupiendo el odio por todos los poros de tu piel, todas las sonrisas que te dedicaste porque estabas hermosa, eras hermosa, estarán las veces incluso las que pasaste corriendo sin mirarte siquiera, pero el espejo lo guarda todo, una colección de imágenes, también los reflejos de los escaparates, y de las ventanas de otros, todo fromando parte de un mismo objeto que ha recogido tu vida en fragmentos. Podrá decir entonces que ella se equivocaba, porque era despistada en el fondo no le daba importancia, te decía que le dieses un gajo de naranaj con sabor a mandarina. Tenia el alma desordenada como su habitación, pero lo que tenia que hacer lo hacía, decía te quiero porque lo sentía, pero con el tiempo descubria que el sentimiento se quedaba como un recuerdo bonito en el corazón, como las canciones de tu vida. También le tenia miedo a muchas cosas, a todo, era valiente porque lo sabia y a veces lo enfrentaba y una rebelde por defender que sin miedo nunca se habría tirado, nunca habría saltado, le gustaba gaanrle al miedo. Era oscura, llena de uz y de vida, pero era la chica triste que en cuanto se daba la vuelta lloraba mirando la oscuridad que le rodeaba, deseaba tanto ser amada, que le dedicasen a ella todos aprecios del mundo, porque creia necesitarlo para seguir, ensaba que le rodeaba demasiada desconfianza hacia ella, le llamaban inútil y torpe, pero aunque lo era decía que no era solo eso, también aprendía rápido. No era pesada, no era la carga de nadie, la gente equivocaba sus juicios porque nadie veia el panorama compelto, meintras que ella desde peuqeña aprendió que las cosas no eran blancas o negras, y que la gente se equivocaba tanto como acertaba, tuvo que aprender a ver las razones por las que amaba a sus padres por separado, uno decia del otros barbaridades y ella se reia, ¿nadie lo veía? No veían como era estúpido agarrarse a una opinión y defenderla como una verdad eterna? Hacer eso hace que te eqivoques y no te permite aprender, ella dijo qu enunca sería así. Creció y no lo fue, porque era inteligente, porque no se mentía. Ella no podía fingir ser quien njo era, no podía evitarlo. Le gustaba eliminar lo pasado para no atarse demasiado a él. Pero de vez en cuando le gustaba releer lo escrito porque se recordaba cosas importantes, a los 16 escribió que tenia que hacer caso a Buckowski y matar el amor cuando lo encontrase, encontró el amor y no lo mató, porque no tuvo, y tuvo que arrárselo desde dentro a la fuerza, llamó cruel al mundo sin ser su culpa, no era culpa de él haberse enamorado de una espalda y una nuca que nunca se giro a mirarla, y eso que era preciosa, lo más interesante a 100 kilómetros a la redonda, y asi aprendes qu eeso da igual, que ni la beleza ni la inteligencia importan, que el amor no entiende de eso que ama algo de manera incomprensible y sin explicación el amor no tiene razones, sucede como una tormenta tropical, apareciendo de repente, y como un huracán arrasa con todo, te deja tirado en el playa empapa y sin poder moverte, te deja destrozado y no te pide perdón. Te deja fría y de piedra y ni siquiera se disculpa. 'La próxima vez lo mato', se prometió de nuevo.
Joder, pero si hablamos de ella tenemos que hablar de otras cosas. De que pensó que este verano había sido una mierda. Se lo había pasado llorando la mayoría de días, deseando estar en otra piel que no en la suya salinizada, luego vio las fotos del verano y pensó que se lo había pasado mejor que nunca pero que la tristeza no le había dejado ser consciente de ello. Cuando después de arrancarse el sentimiento más puro que había sentido nunca se vio de nuevo en la nada, sumergida en las obsesiones de siempre. Huía tanto, se le daba tan bien desaparecer del mundo, tenia tanto miedo... Hacía semanas que no hablaba con su mejor amigo y no parecía que eso fuera a cambiar, en su libro de la experiencia tenia escrito que en su vida, tanto la gente como ella, desaparecía de repente, sin razones, sin disturbios en las calles, simplemente nos se alejaban unos de otros sin decir adiós, porque nunca parecía una despedida... Hasta que al llegar a casa te giras de repente porque en tu corazón sabes que no volverás a verlo pero es tarde, y una parte de ti te da igual, porque es el ciclo de la vida perra, y la otra parte de ti que quiere hacer eterno los momentos llora, porque no desea que se acabe lo bueno. Ella... Que bonita es cuando sonríe, tiene el corazón tan triste...
"Serás capaz de olvidarlo?" Sí, todo. Olvidémoslo todo para volver a aprenderlo sin dolor.


miércoles, 27 de enero de 2016

La pretensión de poseer el ahora

Las palabras me han abandonado. Quise poseerlas demasiado pronto, y demasiado rápido. Quise que de quedaran conmigo un rato más, unos segundos más antes de que el tren llegase y tuviesen que marcharse a alguna parte. Realmente nunca me ha interesado a dónde. Porque yo las admiraba por egoísmo; yo amo por mí, solo por mí. Aunque acabe por infligirme el mayor de las daños, el mayor de los pesares, a mi me gusta sentirme dueña de mi propia felicidad y desgracia, coronarme Emperadora de mi tierra yerta. Fuera el resto del mundo. Fuera.
Abrazarse a la amistad es un error, siempre lo he sabido. La gente viene y se va, la gente es gente y se harta, cambia, muta, tú quieres poseerlas que sean tuyas pero, como con las palabras, se van, se esfuman, o las dejas ir, en el fondo no quieres consumirlas porque estás enamorada de su belleza. De su finitud.
¿De dónde nacerán estas ansias? Salen de mí a tropel, con la energía del agua de la presa, disparada hacia una caída que a primera vista parece interminable, llena de obstáculos y lamentaciones. “Mírate allí suplicándole al vacío clemencia”.
Yo ya entiendo poco o nada, y ahora se me agotan las ganas, las ganas de odiarme, las ganas de luchar contra el destino, contra la fuerza de la corriente. Este hartazgo que me sube por la garganta y que envenena mis entrañas, haciéndome caer en el hastío, su olor lo embarga todo; la colcha, mi voz, mis elecciones, mi escritorio, incluso en la tinta de mis bolígrafos solo hay hastío. Y esto me ahoga, me ahoga y me alivia. Como las verdades, las verdades incomprensibles del mundo, que pronto aprendes a no darles mayor relevancia, a disfrutar del ahora, y del nunca se sabe.
Aún quedan las ansías y las ganas, aún queda algo de las obsesiones y de la energía, soy joven y pienso vivirme. También quiero besarle, aunque tenga unos dedos horribles, desproporcionados y deformados en algunas partes de las falanges, el otro día me entró una oleada de asco, pero me da igual; cerraré los ojos y disfrutaré de su tacto si me toca, si algún día me acaricia, si algún día me besase con esos labios carnosos que tiene, y con esos ojos tan pequeños. Pero a la mierda todo. Estoy cansada. Agotada, de frustrar al universo y a mí misma, de forzar las cosas, de hacerlo más difícil de lo que es.
He dicho tantas veces que quiero vivir, he utilizado tantas veces el verbo querer… Y todo se me escapa, se me escapa de las manos incluso aquello que no intenté atrapar, que se posó en ellas como un insecto ingenuo y que luego salió volando, por mi respiración fuerte, por el temblor de mis manos, por el sudor frío que me recorre el cuerpo cada vez que veo el desastre acercarse… El desastre es mi sombra, encima de mí cada vez que algo me alumbra.

Y ni hablar de planear, ni hablar de nada, ni hablar del abandono de las letras, ni hablar de las distancias, ni de las cosas que no se dicen –ni se preguntan-, ni hablar de nada, ni de todo. Esperar, aquí, cerca, a mi lado, ahora, y después si me prometes volver, calmarme, aquí, muy cerca, rozándome, en este momento, y… Sueño.  

miércoles, 6 de enero de 2016

Volver.

Dejar que las cosas sucedan. Mantener colgando, solo de una mano, el reloj de bolsillo. Mantener la mirada fija en el futuro oscuro, incierto; jamás mirar la hora, hará que quieras correr más rápido para no llegar antes.
Tengo un agujero insaciable en el estómago. No lo entiendo. Nunca lograré entender nada de mi, ni lo que quiero ni lo que no quiero. Solo podría hablar de mis apetencias, de mis obsesiones que tienen un tiempo de caducidad de meses, como los yogures.
Solo podría decirte que me apetece contártelo todo, pero no estoy segura de que quieras escucharlo. ¿Quién quiere, en realidad? Quizás sea eso a lo que espero, a que nadie aparte la mirada cuando asomo la cabeza por la oscura cueva.
Me gustaría ir a visitarte, ir a verte, coger un avión y volar; gratis y rápido, sin pensar. Sin más.
El año pasado fue un año maravilloso: gané un premio de literatura, en realidad fue en 2014 pero lo disfruté más en 2015, escribí en un periódico digital, tuve por primera vez la sensación de tener un mejor amigo y que no me sonaran falsas esas palabras, me di cuenta de que intentar hacer eternas las relaciones humanas no es factible, no se llega a nada, conocí a un tipo al que llamé Batman, al que le comentaba mis excentricidades y no se asustaba y con él que escribí una historia repleta de diálogos que... No he llegado a acabar, porque me cansé, de repente, sentí que lo que quería era tocar, y que si no te podía tocar  no era lo suficientemente real para mi -puta-, puede perseguir a alguien durante mucho tiempo, pero cuando me canso... Bueno, solo desaparezco. Hice el discurso de mi graduación,  fue maravilloso, aunque ahora me resulte insoportable, empecé la universidad, empecé a vivir una nueva vida en la que me di cuenta que yo seguía siendo yo y eso no cambiaba, me dolió, porque el problema siempre soy yo, de este que no te puedes quitar de encima, por lo que lloré, durante días, hasta que otra cosa me obsesionó, un tipo interesante que tomaba el café de pié, apoyado en la mesa con los tobillos cruzados y mirada fija, pensando. La vida me sorprendió con casualidades maravillosas. Acabé en una Eucaristía, dos veces, y puede que próximamente tres. Me he dado cuenta de cosas, de muchas, como que tengo la mejor familia del mundo, no podría pedir.
Y todo esto es genial. Está muy bien.
Ha empezado el año y no he escrito nada en meses, no tenía nada que decir, las palabras no querían salir, de repende una imagen me ha venido a la mente y la he tenido que plasmar, lo demás ha salido sobre la marcha, imparables los dedos sobre el teclado. Dejar que paseen por los rincones por lo que hace tiempo que no pasaban. Ojalá las cosas siempre las hiciésemos lo más fácil posible. Ojalá 2016 esté lleno de cosas fáciles, de cosas tiernas y sencillas, que me sorprendan sin demasiado esfuerzo, que me curen.
He querido contártelo todo. Todavía quiero. Pero que más da que lo desee, que más da todas las listas que haga, el chico interesante tenía razón, yo lo sabía y me empeciné en tener ilusiones que siempre acaban provocándome que mis pupilas se ahoguen en mares de sal.
Siento todo el daño que he podido causar.
Me comí todas las uvas, sin atragantarme. Eso es buena señal, ¿no?
Feliz año a todos.

                                        black and white, love, text, words



lunes, 12 de octubre de 2015

Mujer de sal

Pobre incomprendida. ¿Qué le pasa a tu espejo, que se empaña justo cuando vas a pasar? ¿Qué es lo que olvidaste en aquel baño de aquel centro comercial? Tenía que ser importante, no has parado de buscarlo. ¿Qué era? ¿Fue entonces cuando aprendiste a aceptar las consecuencias de la huida?
¡Qué inmensamente débil parece allí arriba! Al final de aquella interminable escalera. ¿Sabes ya lo que es el cosmos? Jamás, piensa, entenderá el orden ilógico que siguen los acontecimientos dentro de sí, fuera de ella, enfrente suyo, al otro lado del puente.... Puente
¡Ahh, ya sé! Encontró a su Diosa preferida, encontró a Literatura, y esta es una diosa escurridiza, es una Diosa indiferente a los ruegos de sus devotos... A veces la pierde, y no sabe, no sabe, no sabe, no entiende, no puede, encontrarla más, olvida los cominos que la llevaron a la ermita, y los olvida para volver a recordarlos después. Después de huir...
Pero yo vengo a contaros, que pide, ella, entre zancada y zancada, entre articulaciones flexionadas. Pide enamorarse... 
"Enamórate de mi, enamórate de mi, enamórate de mi, enamórate de mi y haz que yo también lo haga. Este divorcio continuo que vivo conmigo, es terriblemente agotador. Suicidio me visita y me llama cobarde porque digo sí y luego digo no, y digo que salto y luego solo a medias, y luego pretendo agarrar a poesía de las manos y que me ayude a mantenerme en intermitente, pero no funciona, nunca funciona por demasiado tiempo.
Confieso escaparme, escaparme de mis pensamientos, de mi, otra vez yo."
Dice que no se ha saciado de ella, que todavía no, que la sed la corroe, que la sed la mata, "y esta lucha por el conocimiento, y esta lucha por la vida y por la muerte y por mi, y esa ofrenda que no di, que olvidé, esas flores que no entregué a ninguna virgen porque no podía, no sabía, no entendía, ni razones, ni convenientes, ni de regalos, ni de nada. Por ello soy pobre incomprendida. Pobre, pobre, podre...
Débil." Ahí de pie, o incluso sentada, o puede que de lado, las imágenes vuelan, ¿que es verdad? ¿que no lo es? "¿Qué ves? Cualquier cosa que veas, sáciate de ella, sáciate de mi, de mi y de mis ojos oscuros, de mis labios, que se fruncen por su inutilidad, por su piel sin estrenar."
Carne. Carne. Carne. Cuerpos.
Aquí, en otro sitio. Prometió, promete, ahora, antes, no hay tiempo; bajar al río, oler la hierba. Pero todo es una gran mentira de ella, todo se mueve y ella no sabe bailar, porque no sabe y porque no entiende y porque es... dependiente, de alguien, de todo, de uno solo o de muchos, para que la empujen, igual que hicieron cuando nació, no quería ver el mundo y le obligaron a hacerlo. No recuerda lo que sintió, pero puede hacerse una idea por lo que siente ahora. Una soledad tan extraña como esas calles en las que vive.
Resultado de imagen de mujer de salElla quiere enamorarse, lo sé, lo siento, aquí, muy adentro, entre mis costillas, entre mis pliegues de amor, ternura y animalidad, bestias... Bestias que de vez en cuando hacen algo bonito. Ella quiere hacerlo, hacer algo bonito, Porque quiere enamorarse y que se enamoren de ella, ¿dónde aprendió a mirar? ¿Cuando supo que para ella eso no podía ser entre tarde y temprano, temprano?
Pobre chica incomprendida. Chilla tanto. Es tan torpe, tan retraída, ¿dónde está? Donde está que no se ha encontrado en la fuente, dónde está todavía en los matorrales de arbustos rudos e inflexibles. Pobre
Debería darte pena. Ella miró atrás y se convierte... todos los fines de semana... En mujer... de sal.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Algo sobre mi, poco, menos que poco: nada y su contrario 'todo' y su intermedio 'suficiente'.



Me veo reflejada en la chica de fuego que huye antes de que el agua la alcance, en la mujer que se sienta en la esquina de un banco y espera, me veo reflejada en el miedo a asustar de quien se sabe loca, y odio a cada uno de esos reflejos.
Mi desprecio hacia lo fingido, todo que no sea desatar la rabia que prende las chispas que incendian mi mundo. Si te atreves a saltar, aprendes a volar. Te lo juro -ssshhhh-. Te haces fuerte.
Lo que has sido siempre no lo has sido nunca dónde no te han(s) conocido.
Creo hacerme adicta a esto de volar. Aunque espero que nunca a abandonar. Sigo sin conseguir que la balanza se equilibre. Aun así, cada día soporto más mis propias verdades, mis propias sentencias... de soledad.


Hago cálculos de tiempo. Evalúo el ambiente y respiro, a veces acabo con dolor de garganta y las cuerdas vocales se asfixian. Otras el corazón decide seguir latiendo aunque sangre ya no fluya, porque el Pulso estricto llama al aire niñato egoísta. "Lo tienes todo y aún así continuas haciendo remolinos en el mismo callejón sin salida, dónde respirarte se hace imposible. Polvo". Esta espiral de autodestrucción y odio concentrado. Por esta carretera no se va a ningún sitio bueno, viejo amigo.
Al final los Juernes eran reales.
Estoy bien, ¿sabes? Después de las decepciones y el calor que abrasa autestima y reproduce ansias de lo imposible; llega lo esperado mejor de lo pensado. ¿Pensar? A que sabrán mis labios... Pienso. ¿A que olerán mis entrañas heladas por la falta de ternura que de madrugada siguen implorando aunque la tierra las sepulte? No soy ningún ángel, mis soñadores.
No voy a salvar a nadie de algo a lo que no puedo ni salvarme a mi misma.
Quiero hacer cosas, quiero empezar a vivir... mejor... más... Sí, aquello que me propuse a principios de verano, pero es que ya se sabe... Lo único que es realidad en verano es el lago de mi mirada y la sal que resbala por mi piel.
Espero que eso de vivir -mejor- no sea otra de las cosas que no están echas para mi. Espero que, por lo menos, reciclen conmigo alguna de esas oportunidades no aprovechadas. Eso sí, que tenga algún cartel con luces de neón y con estrellas propias, para que sepa reconocer la señal
                                                           y así saltar
                                                                            todavía más alto
                                   hasta que solo puedan ver un único reflejo de mi
                                                       uno en el que la paz no solo inunde mi nombre
                               sino los límites de ese yo al que siempre pretendo llevarle mis cosechas
           y nunca está en casa cuando le busco.
                                                                       De su existencia sé, porque por debajo de su puerta
                                                                                      -aún- brilla algo.
                                                                                               Lo sé.