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domingo, 2 de diciembre de 2012

"La primera palabra de un verso", Rilke

-Demasiado bonito para ser verdad.
Dijo la voz de lo imposible. Era una voz grave, pero tenía un toque burlón e infantil, como los niños que se ríen de cosas que no tienen gracia. Su voz no le molestaba y eso que era una persona que le daba importancia a las voces, pensaba que le daban música a la vida, que según como hablaras, el tono, la melodía, eras alguien, o un alguien.
La voz tenía razón... demasiado bonito para describir una nevada, un viaje a Bruselas, y el beso de una amiga en la mejilla diciéndote que te echará de menos esos cuatro días que no te verá. Demasiado corto la ida y la vuelta, el billete del tren que tenías pensado comprar y el tren que nunca cogiste porque nunca pensaste que fuera el tuyo.
Puede que la gente se equivoque al decir que perdemos oportunidades, puede que solo es que no las veamos, y aunque las veamos, puede que pensemos que no son para nosotros que no van a valer la pena, que serán mejor otras cosas, que no vales.
Donde está la voz en esos momentos de lágrimas saladas y frías que resbalan en tu mejilla, donde está la voz diciendo que dejes de llorar que eso si que no vale la pena.
Ha visto dos arco iris en una semana, eso debe ser signo de buena suerte, eran grandes y se perdían en el mar, en un mar que no recuerda que cual fuese la primera vez que lo viera, se mortifica con eso, las primeras veces hay que recordarlas.
Eran tan grandes y tan bonitos, le agradecía a su sordera y a su mala concentración el echo de no estar mirando el móvil, como aquella chica que se lo perdió por no mirar más al cielo, o como aquel chico que miraba al suelo con sus cascos y no miraba al frente, no vio desaparecer el final del puente multicolor.
-No somos nadie, ¿verdad?
Dijo, otra vez, la voz.  Y es que viendo un espectáculo sacado de reflejos del sol y de la lluvia, viendo correr los arroyos y viendo los helechos y los pinos crecer verdes y anhelantes de más luz... ¿quién no pensara en la nada de su mundo viendo lo que hace un trozo de tierra, un poco de agua, y una semilla?
Diciendo hola a los meses... Sonaba tan extraño en boca de alguien que para saludar sonreía de medio lado y bajaba la cabeza, que directamente no lo hacía, como ya no hacían las plumas indias su sonido inolvidable para quien las halla escuchado, un aleteo de cualquier pájaro al despertar, las miradas de los niños recién nacidos, la voz de las personas machacadas por el rape... El pequeño murmullo de las bibliotecas, el secreto de los encuentros, la mentira de las esquinas cubiertas de polvo...
-Qué más decir, ¿no?
-¿Es que acaso queda algo que decir?
-No-Rió la voz burlona e infantil-no, ya no queda nada más por hoy.
Dijo en voz baja y pareció más una despedida con la mano que una afirmación con gracia.
Al querer mirar a lo imposible a la cara, ya no estaba, y se quedó mirando el cielo un poco más, por si acaso pasaba algún gavilán detrás de una paloma.


                                                              indie, fresco, indio




2 comentarios:

  1. No hay que tener miedo de los sueños, de las esperanzas. Siempre hacen falta.

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