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lunes, 24 de junio de 2013

15. Last Summer

-Quiero caer.
-¿Que quieres qué?
-Caer.
Sonrió. Se acomodó en el asiento de felpa rojo. Apoyó su mejilla caliente en el cristal frío del tren, manteniéndose en el límite de la costa.
Y yo dije:
-Sí. Caer, ¿sabes? Llega un momento en la vida en la que te encuentras con la palabra asertividad, primero no sabes lo que es... Te suena raro. Luego te paras a pensar y lo buscas en Google, y te das cuenta que asertividad es aquella sensación a la que no conseguías ponerle nombre. Dice: Ser honesto, directo y apropiado, y tú que has sido inapropiada toda tu vida decides dejar de pensar y lo haces, decides caer, quieres hacerlo. Para explicar lo que me llevó a correr como loca por medio pueblo hace falta imaginarme en el filo de un acantilado,-señalo el mar con el dedo, tenía razón, el cristal estaba frío-, estoy allí, mirando el agua cortarse las venas contra las rocas afiladas que decoran la pared. Piensas que tus padres te ignoran, que la cara de tu padre es una sombra entre otras recortada por la luz de tu habitación, que la señora Hays no le afectó mucho mi marcha, a lo mejor lo sabía, que me iría digo, o a lo mejor solo estaba desando que me fuera para relajarse después de su viaje.
Quiero tirarme, quiero romperme las venas contra las rocas afiladas que decoran la pared, estás muerta, te han enseñado a estarlo: 'No grites', 'No hables', 'No estás en el lugar apropiado para un niño, así que como si no estuvieras, ¿entendido?', 'Tu opinión no le importa a nadie, baja la cabeza y desaparece'... Sus voces suenan frías, y el mar también tendría que estar frío, si pudiese tirarme y averiguarlo...-exhalo como si de verdad me faltara el aire, y me pregunto si no estaria dramatizando demasiado- luego... Luego me revelo contra todo y decido vivir. Dime Rafe... ¿Debería haberme tirado? ¿No hubiese sido más fácil?
Alex y Carol, después de haber llamado a sus padres, se han dormido en sus respectivos asientos y Rafe y yo disfrutábamos del silencio hasta que he decidido contar lo que siento, vaya, no me siento mejor después de haberlo hecho.
-Hubiese sido más fácil, pero entonces no hubiese merecido la pena nada de esto ¿no crees?
-No te entiendo Rafe...-Arrugo el entrecejo y restriego las sienes, vaya, sigo sin sentirme mejor, incluso creo haberme mareado un poco, a lo mejor es el viaje, ya me avisaron que los trenes mareaban algo.
-Nada de esto me refiero a que tu madre pasó doce horas de parto para nada, que mi tía me dijo que te reviviera del aburrimiento y te devolviera la ilusión, todo el esfuerzo que puse para ello, no hubiese servido para nada, y me lo debes, ¡me debes el, por lo menos, la satisfacción de saber que he hecho algo bueno en este mundo!, todo el dinero que me he gastado en estos billetes... Todo, ¿para qué? Para que vayas por el camino fácil y te tires a un acantilado, el cual te has imaginado para explicarme por qué has salido corriendo de casa con un maleta vacía, que por cierto menuda estupidez, por lo menos una botellita de agua digo yo. ¡Que casi no le das tiempo a mi tía a llamarme para comprar los billetes! Y entonces toda la magia del momento se hubiese esfumado... ¿Todo para que al final decidas romper tus preciosas venas contras unas rocas afiladas? Tía, podrías haberlo dicho antes y no nos hubiésemos esforzado tanto.
Hace una mirada respectiva, con sus ojos verdes, hacía fuera y luego me mira. Con la boca abierta le llego a responder:
-Acabas de mandar a la mierda todo ese esfuerzo, pensaba que había sido casualidad, cosa del destino y eso, ahora resulta que lo sabías...¿Cómo sabes las horas de parto que tuvo mi madre?
- Me lo he inventado. ¿Sigues queriendo suicidarte?
-Si me dices que en realidad no eres un mago, ni Robin Hood, sí.
-Pues no te lo digo...
-¡¡Rafeee!!

Ninguno sabía a dónde nos diríamos, ninguno quiso averiguarlo tampoco. Allí estábamos todos, en mitad de un verano, entre otros. Los veranos siempre huelen a promesas aunque al final ninguna se cumpla o solo se cumplan las pasadas, pero siempre huelen a eso. A viajar, a desaparecer, quizás si no existiera el verano, el invierno no significaría volver a casa, porque nunca te hubieses ido. Tienes que irte para volver, madurar. Nosotros solo queríamos volar, no se, queríamos algo, lo que fuera, con tantas ganas que podríamos haber parado el tren con solo el grito de: "¡Aquiiiii!" Señalando una planicie de arena en mitad de ninguna parte. Porque, todos y cada uno de nosotros teníamos miedo. Yo a morir de esa manera lenta, Rafe a no tener tiempo, Carol... Carol a ser inútil, y Alex a no conseguir nunca, nunca, acabar su cuadro.
Éramos los que huyen, los que escapan, pero dentro de ese tren, solos, sin nadie que nos dijera el cómo, no podía, no, no podía no, no cabía el miedo. Y así estábamos bien, así, parecía que podíamos soñar sin rencores, y sin nostalgias melancólicas que hieren la mente.
Acabamos en otro pueblo, uno que no me acuerdo ahora cómo se llamaba, cuando venga Alex se lo preguntaré. ¿Sabeís? El día que bajamos del tren en aquel pueblo que se tenía en pie solo porque no soplaba muy fuerte el viento, fue dónde me dieron mi primer beso. Pero, shhh... Eso en el próximo capítulo, jé.

beatiful, cute, girl, girly


*Esto no tiene nada que ver con la historia pero me apetecía ponerlo. El sábado fue la especie de orla rara que organizó mi clase por acabar 4ºESO, y cómo unos harán un ciclo, y otros se irán a letras (cómo yo) pues decidieron hacerlo. Una de las canciones más horrorosas que sonó fue esta: Dele compadre. La gracia de todo esto es que, aún siendo la típica música de verbena, la estuve bailando y tarareando durante toda la noche. Me averguenzo de mi misma...
Y bueno, esta otra también, que no sonó en la cena pero que cuando estaba viendo un capítulo de True Blood sonó y me gustó, es algo rara, pero bueno me mola: Massive Attack

"Dele compadre dele, que son pasteles
y eso es lo que la gata quiere más"
¡Toma ya!


No hay inspiración... pero si opinión...

Observa a el gato, las sensaciones que experimenta escuchando las piezas de Yann Tiersen.

El gato escucha.

'Quiero burlarme del mundo, que me llamen loca, que se revienten los motores del próximo barco en el que me suba, que todo desaparezca y solo quede yo, 
yo y la idea.'

Nací cuando, decían, ya estaba todo pensado, pero se equivocan.

historieta, gato, gatos, besoConseguiré que el gato toque el piano para interpretar sus propias piezas, ¿qué no ves como tuerce las orejas, expandiendo sensores, reproduciendo notas, que se podrían tocar con un sonido casi maullante: "Ámame buscándome", porque mira: "Desaparecí".

Quiero perturbarte. 

El gato salta y busca la mosca de cada mañana, pero hoy es más gorda y ella se relame.

Llevo como gorra el borde de una camiseta que he... ¿decorado? Y mola, parezco la hippie que nunca fui.
Y le doy a las bolas chinas, el entrechoque de unas contra otras, el sonido que se ralentiza... Todo parece sugerir sonreír y reír, porque ya se terminó el curso, porque empieza de nuevo el baile lento y acelerado del verano.
Pero sigo teniendo la sensación de que no hay tiempo, de que se acaba, de que vida solo hay una y no se puede desperdiciar fingiendo

animals, black and white, cute, panda
Escucha esto.
Pienso en ello, quizás el miedo ha vuelto

¿Y ahora? Ahora saltemos detrás de Tennyson y su amigo el muerto o a punto de morir, detrás de la elegía por la muerte de John Keats, detrás de una yo sin papeletas.

Nosotros decimos: Valemos.

Pero; ¡Oh! Vaya.
El rechazo a lo diferente siempre recorriendo las calles, ¿porque?
¿No es más fácil aceptar?
No se... Menos criticar y quejarse y más solucionar y cambiar,
OMG, belleza, bárbara kamilo, nube
Y esto
vamos hombre, que solo tenemos quince años
hagamos planes para esta tarde, que no traten de perder el tiempo conformándose.
No se dónde oí que el ser humano es inconformista por naturaleza, una especie de instinto:

Pero no estoy de acuerdo, el ser humano es conformista

fácil

obedece

Psyho, ácido, Acidtrip, drogasLo ha demostrado la historia. Sobre todo en tiempos de guerra, van todos al mismo sitio, sin cuestionar nada, sin pensarlo siquiera. No... No creo que la humanidad sea un monstruo que nunca debería haber existido. 

Somos la memoria del mundo, el Frankenstein de la evolución

conejito, lindo, fotografía, conejo
 Y también esto 
Se podría haber hecho mucho mejor, ¿Y para qué sino están las nuevas generaciones sino para mejorar lo pasado, no cometer los mismos errores y cambiar las equivocaciones?

El gato ha decidido cambiar la mosca por el ratón de tela, según ella, sabe mejor y es más entretenido. Según el gato, deberíamos darle de comer. Según yo: está demasiado gorda.


ballet, marrón, gato, lindo
Y bueno va: Esta también





lunes, 3 de junio de 2013

Guía de programación.

Y pienso,
que tu cuerpo pegado al mío es el aire que sobra del mundo retenido en pliegues de piel.
Y creo,
que acercándote un poquito más asfixiaríamos al mundo en una ola de calor corporal.
Y no hablemos ahora,
respiraríamos y este momento sin aliento, transformaría nuestros silencios sin aire en dos peces boqueando al sol, branquias que no se llenan (seres de agua incompletos en tierra), ojos gelatinosos desorbitados admirando un astro que los mata, los deja sin suspiros y los ahoga en un mar (qué ojalá fuera de agua) de represiones por no poder superar límites y crear otros nuevos.
¿Porqué no alimentarnos los unos de los otros; tú un cachito de mí, yo un cachito de ti, como caníbales civilizados? Aprenderíamos tanto los unos de los otros, seríamos por fin ese puzzle al cual no le falta ninguna pieza.
Es difícil explicar algo si no te tengo delante, pero puedes dejarte llevar por la fluidez de palabras que saltan de tecla en tecla, que viven por que yo las he hecho existir. Podríamos cambiar y solo sería cuestión de preguntarle al hombre de la esquina el cómo.
Cuestión de una mimesis inconexa, un aura de misterio recorriendonos por dentro, digo que dicen en una película que vi hace tiempo que cada cuerpo tiene un ritmo que crea esa banda sonora que delimita un momento, un instante de un montón de ellos, en un segundo de tu vida, que es cuando quieres y no puedes, que es cuando puedes y no quieres, le echas la culpa a las musas por llegar tarde y a ti por no apreciarlas cuando aparecen.
Tantas ideas, tan pocas bocanadas de aire, tan poco aguantamos debajo del agua, que a veces dudo que un día pertenecimos a ella.
Si es que pertenecimos a algo... O solo fuimos, como somos entes de asfalto y zapatillas sin cordones, figuras aladas que no saben utilizarlas, dueños de algo que creemos nuestro, seres de poca fe y nos agarramos (algunos) a un libro escrito por algún loco de la teología.
Dijeron: Tienes seis semanas.
Y tu dijiste: Solo necesito tres días para vivir, uno para llorar por las cosas que echaré de menos, otra para reír por la ironía que tiene la propia existencia y un tercero que apreciar la belleza de soñar y levantarte soñando.
Si es que tenemos tanto tiempo que no sabemos lo que hacer con él. Ojalá dejase el mundo de mirarse los unos a los otros como compitiendo quién mata a quien primero. Nos hemos vuelto unos psicópatas de momentos, pero que se le va a hacer si Tarantino a dejado huella.


adorable, animal, animales, bebé
Recuerda:
'Cachito a cachito;
poquito a poquito...'
                                                                 

viernes, 24 de mayo de 2013

A ti te dio por reír.

Tú allí. Y yo aquí. Tan solo nos separa un metro y medio, no lo he contado pero me juego lo que sea a que ese metro y medio es solo uno y treinta y tres centímetros, es lo que pasa cuando en realidad nos separan kilómetros, que nos inventamos distancias desmedidas para echarle la culpa al espacio, a los monosílabos que le diriges al mundo, a tu pierna que tiembla y a una boca que ya no sonríe.
Todo lo que te diría... ¡Sería tanto! Te diría que tal te pareció el capítulo de aquella historia de la que te enganché, solo para tener a alguien que valorara las palabras de otro, si te parece bien o mal, si las largas discusiones que tengo conmigo misma son producto de mente, porque quiero que me digas que no pasa nada por saltar, que si me vuelvo loca me querrás muchísimo más.
Porque al final todo trata de eso, de querer. De que yo quiero que me quieran, igual que tu quieres que te quieran pero nos quieren de distinta manera a como queremos que nos quieran.
Dijeron, no hace mucho, que esa "media naranja", ese "príncipe azul", no existe. Pero que sabrán ellas que se agarran a la opinión de un psicólogo de Wikipedia. En realidad, estamos tan incompletos que vagabundeamos perdidos, fingiendo, aunque no queramos. Somos una mentira, somos la GRAN mentira. Nos hemos creado a nosotros mismos en vez dejarnos ser; llueve, no tenemos paraguas, el agua no nos moja y estamos empapados.
Buscamos, buscamos, buscamos...
Pero yo me agarro a esa definición de vida que leí el otro día: La vida es una puta carcajada. Un orgasmo. Robar y correr.
Eso es, eso tiene sentido, robar y correr, ¿es que acaso se trata de otra cosa? 
Incomprendidos, ni siquiera sabemos quienes somos, excepto en un momento que se produce justo cuando sales del vientre de tu madre y lloras, es en el momento en el que aprendes a llorar, y dicen que estás vivo, y tú piensas: Esto es lo que soy, lágrimas.
Pero hay que aprender, a llorar mientras robas y corres, aunque nadie te entienda porque eso da igual. Cuantas veces nos habré imaginado desnudos, hombres con mujeres, mujeres con mujeres, hombres con hombres, que más dará lo que tengamos entre las piernas, el caso es no abrazar a un fantasma y sentirse vivo al ser ahogado por las lágrimas de vapor de agua, vapor de agua, que feo queda, mejor lágrimas de Dioses, para sentir que mortales o inmortales todos lloramos, sentirnos vivos, gritarle al mundo aunque no te entienda.
Y aunque estés a miles de kilómetros... que te quites los auriculares y molesta me digas: No hace falta que grites, te he escuchado a la primera.
Entonces robaría y correría, porque en el momento en el que has dejado de prestar atención a lo que sucedía en tu complicada mente, todos se han quitado los cascos, te han mirado, el gato-zorro astuto se ha desperezado, la palabras que se las lleva el viento a ninguna parte (a donde deberíamos ir todos), han descubierto un nueva atajo. Y tú, allí, sentada, has podido apreciar que la luna llena a vuelto a salir, igual que las brujas como decía una vieja leyenda, y has decidido que la próxima vez que nacieras no llorarías, reirías ¿porque? Pues porque la vida no son lágrimas, que es demasiado corta como para desperdiciarla con esas tonterías, riamos, robemos y corramos, lejos, a ninguna parte, detrás de las palabras de algún incomprendido.


                                                               

martes, 14 de mayo de 2013

14. Last Summer.

Ella cantaba muy, muy mal. Pero eso lo escondía tras el sonido de su risa, porque si aprendió a hacer algo fue a reír, y eso lo hacía muy bien. Aprendió, luego, a contar el tiempo, a pensarlo y a desafiarlo, a un ahora muerto en el antes y un después existente solo en la realidad paralela.
Ella se llamaba Alicia Harrison, y se describió así misma, una mañana calurosa (otra de tantas) en tercera persona, porque en primera no le salían las palabras y en segunda... Tampoco.
Pronto Alicia se fue convirtiendo en Al, y mientras ella jugaba, contaba, y susurra al tiempo, este jugaba, corría y gritaba a un ritmo diferente.
Todo volvió a ser igual que antes de que Rafe se ausentara, menos el corazón de la señora Hays. Yo siempre había pensado en ella, como algo molesto que estaba allí, cosiendo, cocinando, barriendo, o hablando sin parar, así que era algo así como los días; se sucedían unos a otros pero estaban ahí aunque muchas veces no pensaras en ellos, mirabas en el calendario y respirabas tranquila, el Martes iba después del Lunes.
La mañana en que me enteré de que la señora Hays tomaba pastillas para el corazón, fue como si los Viernes se hubiesen extinguido; una azul redonda, otra blanca alargada y gruesa... Pensé que ya nada sería igual, que tomaba pastillas para que su corazón no sufriera, y también para recordarse así misma que ahora era el tiempo el que jugaba con ella.
Subí corriendo las escaleras y me encerré en mi habitación, parecerá una locura pero cerré los ojos y me concentré en escuchar los latidos acelerados de mi corazón, desee que si se parase fuera por una buena razón, y que si lo iba a hacer que lo hiciera para siempre, para no tener que recordar que hubo un tiempo en el que bombeaba como y cuanto quería, que yo controlaba.
Se me ocurrió escribir, justo como estoy haciendo ahora, la historia de cuando mi corazón palpitó y supe que estaba viva, y empecé con un; Ella cantaba muy, muy mal...
Suceden a veces situaciones que uno jamás piensa que recordará, porque son demasiado intrascendentes, demasiado comunes y rutinarias, y son esas las que producen cometer las mayores locuras.
Ese día solo pensaba en hacer de mi corazón algo más que un simple músculo que te mantiene viva y en cuerpo presente, para convertirlo en la razón de estar aquí.
Cogí una pequeña mochila y no metí nada.
Bajé las escaleras sin mirar siquiera si pisaba el suelo o no, cuando llegué a la cocina no miré a la señora Hays ni a sus pastillas, y solo grité: ¡Me voy! Volveré cuando todos bombeos que se produzcan en mi pecho sean realmente míos y no del tiempo.
No escuché respuesta, pero si hago un esfuerzo por imaginármela, seguramente sería esta: Entonces no te espero para cenar.
Nunca me había sentido tan yo, recorriendo todas las calles del pueblo, ¿recorriendo? Si casi parecía que corría la maratón, e iba la primera, te lo aseguro.
Al primero que encontré fue a Alex, el cual tan tranquilo como siempre compraba nuevas pinturas azules, para su mar infinito, al principio no me creyó, pero luego corría tanto como yo o más.
Luego a Carol, a la cual no hacía falta convencer de nada, correría lo que hiciera falta (llevaba una camiseta de GreenPeace)
Y por último a un Rafe con gorra verde, gafas de sol negras y cuatro billetes de tren en la mano:
-¿Qué? ¿A dónde nos lleve el mar de Alex?



                                                             naturaleza, foto, mar, verano

jueves, 9 de mayo de 2013

Te llamé para decirme -sin error lo que es verdad- lo que no lo es

Sacar el conejo de la chistera por las orejas, mirarle a esos ojos saltones negros casi llorosos y decirle: Te creo.
Son los versos incomprensibles de Tristan Tzara y pensar que en algún punto del universo tienen sentido. Es levantarte una mañana y pensar que te he soñado de la mismo forma en que tomas el café de media tarde, con una media sonrisa, con un perro faldero blanco entre las piernas, con una bolsita de té deshaciéndose con el calor del cacao de tu taza, y es creer que has encontrado ese punto del universo en el que sus poemas tienen sentido. Creer en lo imposible y hacerlo posible.
Que aquella frase ya no necesita de razón; Masturbándose las alas...
Ya no hace falta pensar más en ello. Encontraste el significado de todo, y es la nada. El imconformismo no tiene razón de ser si se escucha Get Lucky.
(I'm up all night to get lucky)
Le pregunta al vampiro si existimos y él, sangrando de un colmillo le responde: sí.
Tiene que exponer dos Vanguardias, el Creacionismo... Aquella que crea poesía como la naturaleza crea el árbol, sin un porqué aparente, creando la forma de algo existente pero lejos de ser realidad, y el Dadaísmo... Algo Dadá, me hubiese encantado conocerlos, a todos ellos, los que sin nada crearon algo, los que hacen pensar en el aquel punto en el que todo cobra sentido, y no existen los porques... Bueno, a no ser que vayas tú, (o yo) y lo pensemos entonces, existirán.
Sacar el conejo por las orejas, largas y suaves, y preguntarle: ¿Importa? Si te digo que esto no vale para nada, si me desnudo delante de ti y tú no reaccionas, no lo sabes, tan solo te paras, como con las luces del coche, si te digo que a veces se intenta abrir la ventana y alguien hace fuerza desde fuera para que no la abras, ¿importa? Importa si te ruego que esta vez salgas fuera de la carretera, para no morir aplastado por las ruedas de un monstruo con motor.
El conejo que lo había entendido, pero solo en algún punto del universo, salto de la mesa del mago o maga que actuaba aquella noche, y saltó a la carretera.
Una mancha peludo blanca y gris manchado de sangre y entrañas se encontraba en la cuneta momentos después. 
Hechos para cometer los mismos errores, aunque te los griten desde fuera; desde el palco del teatro, con un altavoz delante y unas pancartas detrás. 
-Conejos... Todos ellos. -Y el barrendero siguió limpiando las aceras con movimientos constantes, solo parándose de vez en cuando a quitar conejos de las cunetas, a enterrarlos bajo tierra.

                                                                     

drogas, el tabaco, viaje
He sacado el antiguo sueño de la caja como sacas tú el sombrero
cuando te pones el traje de muchos botones
~Tristan Tzara

domingo, 28 de abril de 2013

"Y en algún bar apartado, ahogaremos al espanto y nos pedirá perdón."

Todo rodaba cuesta abajo, nadie paraba a las palabras, y ellas no querían ser paradas. Cruzaban charcos sin mojarse, sin ni siquiera dejar pasar las ovejas, las cuales saltaba. Corrían cuesta abajo y pobre del que intentara pararlas...
Algo como esto no se puede comparar, ni describir en una foto. Ellas nunca se creyeron eso de una imagen vale más que mil palabras, pero no sería historia ni cuento, ni literatura si no hay metáforas, comparaciones, estúpidas filosofías de leñador (Las que corta el hacha según se suceden y después se olvidan como si nunca hubiesen parado en tu mente, como si de pronto la nube con forma de conejo no tuviese forma alguna), no sería historia ni cuento ni literatura sin frases sinsentido.
Corrían cuesta abajo sin saber cual acantilado las vería perecer, pues la pena de estas era poca; sabían volar, como las gaviotas... O los pájaros de mar, esos que tienen alas pero que siempre quisieron ser aletas... Y otros seres que ni lo uno ni lo otro sueñan con otras cosas, cosas que no pueden elegir pero que se entretienen pensando en el "Y sí...".
Pues eso, que sabían volar. Flotar, desvanecerse, ahuyentar la niebla y crearla, destruir candados, inventar llaves para puertas con cerrojo,... mmmm... Vender ilusiones de unos a otros que han dejado de tenerlas y de temerlas.
Todo eso era correr cuesta abajo, sin rodillas, sin piernas, sin crines ondeando al viento, sin gritos de indios tras la victoria, sin perros en la cacería del zorro, sin zorro huyendo de perros; Todo eso era correr cuesta abajo, ¿detrás de qué? Del todo, del límite del mundo el cual no tenía límite, del fin de la Vía Láctea, del principio de otro universo, de los finales de las historias, de los pequeños saltos de hoja en hoja, de las conversaciones pensadas hace mucho y dichas ahora, de los besos que quiso dar una chica de quince años y solo se dieron en su mente pero que estaba bien, sabían a fresa a chocolate y a sal, y las palabras pensaron: ¿Sal? Y la chica respondió; Era de un día de playa.
Y estos versos que rodaban también iban detrás del secreto del cielo, pero estas que buscaban y que no encontraban lo hicieron en una canción vociferada por una ronca, traviesa y susurrante, aunque aplastante, voz de un hombre cansado de la fama y los escenarios cada vez más altos para que lo vieran desde más lejos, este decía que quería saber donde empezaba el cielo de cada mañana y donde terminaba, y él mismo se respondía; Quizás no exista, quizás solo sea un espejismo.
Quizás las palabras se creyeran las de este, pero este no se las creía y ellas viciosas de más respuestas fueron a parar rodando y rodando a otra canción pero esta vez de kodaline y esta se titulaba; El amor como esto, y ellas esperanzadas saltaron de verso en verso, de noche en noche, de bahía en bahía y al final... Justo al final, descubrieron que no tenían miedo, que no sabían volar pero que si se lo proponían lo harían, lo harían... Justo a tiempo para ver el alba, justo a tiempo para ver al primer hombre crear la primera palabra de todas...¿Cuál sería?... Ellas se hacían una ligera idea... Fe, el principio de una palabra, palabra que les impulsó a creer en que podían, en la pequeña humanidad que ya eran, fe en sí mismos, en su genialidad y en su propia historia.
Así que las palabras siguieron rodando... ¿Hasta cuando? Hasta que la última palabra sea escrita, y dejarán de rodar para recriminar al mundo que las había creado que sin ellas no era nada, que las necesitaba como necesitaron los jefes de la primera tribu una palabra para seguir caminando, para seguir conociendo, para seguir creyendo en sí mismos, para seguir contando su propia historia, y que después de todo... ¿Quién eran ellos para pararlas? Para no dejarlas volar, aunque no sabían, pero yo creía en ellas,
y ellas lo hicieron.



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- ¿Dónde empieza el cielo?
~ Dónde quieras que empiece.
- ¿Allí?
~ Allí.