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sábado, 16 de febrero de 2013

-¿Quién? +Tú. -¿Yo? +Y las circunstancias.

Iré.
Sabes que no vale la pena pensar en nada que no sea algo palpable. Adelante. Ten fe en que alguien te mirara como tu quieres que te mire. Nada bueno, sin nada, para nada, los viejos perdedores se reunirán otra vez... Debajo del escenario. Detrás del muro de cemento, al lado de las penas vomitadas y de los besos de plástico y falacias...
Había una niña, que le encantaban los vestidos pero siempre prefirió ser niño. Pensaba que todos los abuelos han de tener una armónica en un estuche azul, una armónica con olor a guardado, con restos de hojas de puro si puede ser. Con dos cuerdas de cuero rodeándola, como los dedos que la solían tocar, y que ya no lo hacen, pobre armónica despechada, se fue él, y nadie la volvió a hacer sonar.
Si contamos la historia de la niña que quiso ser niño será una historia muy larga pero se resume diciendo que la armónica vieja pero igual de hermosa volvió a resonar por los bajos del escenario, entre patas de hierro y acero, entre paredes de cartón negro.
Quisistes tanto ser alguien. Ya no te importa fracasar, porque ya no le tienes miedo. No te importa deshacerte de la armónica, no te importa olvidarte de las recetas, no te importa crear nuevos mundos, porque nadie más que tú mismo se va a dar cuenta si desapareces, si te quedas, si te olvidas o si te recuerdas. 
Recitarás poemas, persiguiendo libélulas, queriendo volver, olvidandose de amar. Adorando los dobles fondos, los dobles fondos de las rutinas putrefactas de tanto escribirlas, de tanto criticarlas, pero son a lo único que te puedes agarrar, si el barco de hunde, si el barco de vapor fue una mentira de la historia o si la cita: 'el doctor Livingstone, supongo', también lo fue. Si todo han sido tratados y prohibiciones, pensar en que pasaría si nunca hubiesen exististido. ¿Caos?, no, no lo creo.
El público empieza a llegar, visten todos igual, como en La guerra de los mundos; todos en la misma dirección, todos esperando la salvación.
Mi preferido siempre ha sido La máquina del tiempo, pero nadie parece coincidir conmigo. Eso me enorgullece.
-¿Cuándo empieza?
La niña que quiso ser niño.
-Cuando lleguen.
-¿Quién?
-Los musi... Tú.
-¿Me están esperando a mi?
-Sí, ¿porque no? Tocas realmente bien.
Dije asintiendo, mientras tanto pensaba que a lo mejor lo estaba liando todo un poco, que decirle que tocaba bien y llenarle de un sentimiento de satifacción que le recorriese de los ojos hasta el alma y después escribiera en su libreta de canciones de armónica mi nombre y el color de mis ojos diciendome que gracias por darle la oportunidad de su vida para la vida arrebatarle la oportunidad.
Se me quedó mirando un rato mientras veía como iba pensando en describirme en su diario.
-Pero... ¿Sabes qué? Que esas personas no se merecen tu talento, eres demasiado grande. Así que toca aquí, ahora y para mí, hombre que yo me lo merezco más que toda esa gente.
Me seguía mirando. Tenía miedo de que se pusiera a llorar, salir corriendo o pensar que soy una loca debajo de un escenario diciéndole que toque para ella, como un significado especial o esas cosas. Intenté arreglarlo de nuevo.
-Oye, a veces la gente no sabe valorar. No intentes hacer que te valoren, sobra con que te valores tú misma, y estoy seguirá de esa armónica te agradece que le des utilidad, segura que tu abuelo estaría muy orgulloso también. Piensa en eso y todo lo demás no importa, por que no estás sola-dije más que para mi que para ella- crees que lo estás y te vuelves loca pensando en lo que te equivocaste una y otra vez, para pensar que habrá que subirse primero a la montaña rusa de la vida, y que si tenemos suerte que nos toque la rueda de Ferris, esa es más divertida, pero que si no, que nos toque la que suba más alto y baje poquito a poco no nos vayamos a indigestar con el algodón de azúcar.
Oía como el humo llenaba en cuestión de segundos es escenario de arriba, pronto tendría que irme o me despedirían. Y mientras toda la parte de debajo se llenaba también yo me fui, siendo un sueño para ella, creí que no me había entendido cuando antes de desaparecer entre bastidores oí la armónica. Era una canción lenta pero potente, me recordó a cuando crees que puedes y al final es que no, pero te sientes bien de que por lo menos lo hayas intentado.
Iré. De nuevo. Para volverme a ir, las cosas son así, como los escritores genios que se vuelven locos al cavo de los años... Las circunstancias, ¿no?


                                                         analógica, b & w, espalda, hermoso

sábado, 9 de febrero de 2013

8. Last Summer.

Esta mañana Alex se ha ido a trabajar, es mi día libre y estoy sola es casa. He puesto como tercera vez consecutiva el disco de los Beatles y resuenan por las paredes, se están agrietando y cuando ya no suenen, en las grietas verás las letras y cantarán de nuevo para ti.
Pero a parte de eso, he decidido hablar del día de ese magnífico verano, en el que conocí al que no está presente, aunque sí su taza vacía de café sobre la mesa.

No me acuerdo si he hablado del faro, si he contado que no alumbra a ningún barco, que no es bonito, ni decorativo, que a veces se funde la bombilla y por la noche no sabes si el acantilado termina donde se apaga la luz o donde empieza la luna a brillar sobre las olas. 
Pero es un faro muy especial. Rafe me dijo que una vez le salvó la vida, pero no sé si creermelo, porque Rafe me dijo tantas cosas con tantos tipos de significados que bien me podría haber dicho; 'aquí fue donde me caí y me di cuenta de que no debería seguir corriendo o llegaría al agua', o 'me tiré al agua y en vez de caer, volé'.
Claro que conociéndole seguro que fue lo segundo. Pues resulta que había un banquito de cemento, y en ese banquito a mi se me había olvidado la cinta verde del pelo y le dije a Rafe que esperara un segundo que iba a buscarlo al faro y volvía en seguida.
Él sonrió y me dijo que esperaba en las escaleras.
Bajando la pequeña colina solo veía el suelo, tenía miedo a caerme y romperme un tobillo, pero cada vez corría a más velocidad, saltaba de piedra en piedra y pensaba que me caería y me haría daño, pero no me importaba, saltaba, saltaba, saltaba y...
-Creo que esto es tuyo.
-Ajá.
La cinta verde ondeaba entre sus dedos como una bandera colonizadora. Él era muy recto y serio, no le gustaban los bailes ni las mariposas como a Rafe, él prefería sentarse en el banquito de mi cinta, él dibujada el mismo mar, muchas veces, y después tiraba todos los cuadros porque ninguno le parecía bien, y volvía a dibujar.
Tenía las manos pintadas de los colores del lienzo y había en su mirada todos esos toques de azul del mar, tenía la claridad del agua y el misterio del océano, no era salvaje ni impaciente como los ojos verdes de Rafe. Se llamaba Alex, pero no me lo dijo hasta pasadas tres semanas, el era así, y ni a mi ni a Rafe le importaba, aunque ese día no me sonriera, después si que lo hizo, y estaba bien.
Después de devolvermelo volvió a pintar, las olas picudas del mar revuelto. En el suelo había más cuadros como el que estaba pintando.
-¿Porqué dibujas siempre el mismo paisaje?
Sin parar de pintar me respondió.
-Porque no es el mismo. Hoy hay más blanco que azul, no hay gaviotas y el cielo está encapotado, no se ve el sol.
-Siempre puedes cambiar eso.
Sonreí. Rafe me había dicho que esperaría en la escalera pero ahí estaba, dando tu consejo, sin que nadie se lo hubiese pedido.
-A lo mejor es que no quiero que cambie.
-A lo mejor es que tienes miedo de hacerlo.
-Cómo tú.
Se instaló un incómodo silencio. Alex era mucho más alto que Rafe, pero Rafe imponía más. Tenía el don de hacer que te sintieras cómoda si él quería, pero también el de alejarte si a él no le gustabas.
Yo estaba sería, y asustada, se miraban como los dos gallos del granero antes de pelearse por la Pollina, la señora Hays le puso ese nombre por ser la única gallina que provocaba a los dos machos a la vez.
Me reí por la comparación. Me reí mucho. Y los dos me miraron. Creo que no les hizo mucho gracia que los comparara en mi mente con los gallos.
-Todo el mundo tiene miedo de algo... ¿no?
Me encogí de hombros, como quitandole importancia. La tenía, era consciente de que todo el mundo sabía lo que pasaba con Rafe menos yo, incluso ese chico. Pero me habían enseñado a no preguntar, a que los otros tenían que contármelo o sino es que no era importante. Supongo que cuenta mucho donde te has criado.

-He vuelto temprano, porque es Sábado, que si llega a ser un día normal me tiene ahí hasta las cinco. ¿Hola?
Al oír su voz suelto la pluma, a la que le queda mitad de la tinta, y salgo corriendo para abrazarle. Él se ríe y me pregunta que es lo que pasa, para ese ataque de efusividad.
- Es me apetecía abrazarte.
-Ah, pues bien, bien.
Los perros ladran y el olor a pollo y rollito de primavera llega a mi nariz desde las bolsas del suelo. Mmmm...


                                                   




domingo, 3 de febrero de 2013

Si leyeras mis ideas.

Si me dices que solo se puede tener un amor en la vida, yo te digo que no. Que se pueden tener tantos amores como estrellas en el cielo. Si contara todos los amores que se tienen al día serían los mismos que desde mi ventana que pueden apreciar.
Pero no lo voy a hacer, porque como los deseos que pides a la fuente y a las estrellas fugaces, no se pueden decir en voz alta, ni decir ni contar.
Hay quien solo pide uno, bueno, seguro que no es verdad. Hay quien es tan escéptico que piensa que la magia no existe, y se equivoca. 
Y me cabrea que la chica del vestido verde se lo diga susurrando, quedamente, al niño que con ojos enormes y enturbiados por la atención que le prestaba a la voz de aquella muchacha, que no que no puede perder al amor de su vida.
Por el amor  de Dios, es solo un niño, deja que piense que el único que amor que existe es el que siente él por su osito de peluche, será el que menos le dolerá.
Esta chica, se lo decía con una sonrisa llena de aprecio por el pequeño, y lo decía muy segura de sí misma y de lo que le estaba contando, pareciera que tuviera experiencia. Bobadas, eso es que no se ha dado cuenta de todas las cosas a las que ella misma ama.
Muchos amores, amores incontables, tantos como granos de café y todos los trocitos en los que se puede dividir una tableta de chocolate. Muchos, muchísimos. Con uno, no se puede vivir, no. Se necesitan más de los podrías imaginar, pero todos son maravillosos. Se puede vivir sin el amor de alguien, pero tú no puedes hacerlo sin el tuyo propio, o no, eso no.
Pero ella le decía una y otra vez, que perdonara, que buscara, que encontrara a esa persona maravillosa. Me río antes palabras tan románticas, dándome cuenta de que los más románticos despreciaban el amor simple, el amor de alguien fácil, estos preferían lo imposible, y buscaban incansables, saborear la libertad, querían correr grandes aventuras, y dormir con el mundo. Eso era un amor loco por la vida, también egoísta, sí. Pero eran invencibles e inmortales.
Y, Sarte, con la muerte solo conseguían ser todavía más grandes y más libres. No le tenían miedo a nada, excepto a sí mismos, pero les daba igual, porque se superan avariciosos de más.
El niño la escuchaba, y veía como se perdía en un único objetivo; Encontrar aquel amor del que le hablaban. 
arte increíble, playa, hermosoPobre niño, el día que se canse de buscar y de equivocarse, dejará de pensar en la magia y la ilusión y se perderá. Sin saber que por un amor que muere doce nacen o resurgen del olvido.
Enfadada como estaba por lo que presenciaba, escribí en una servilleta unas frases, que ojalá recordara y prestara tanta atención como a la muchacha de color verde: 

Enamórate de cada amanecer. Son todos diferentes, cada día, uno distinto al de ayer, 
es fundamental que te enamores de todos ellos.


Se lo metí en uno de los bolsillos de su cazadora marrón que estaba colgada de la silla de su mesa. Y salí del establecimiento. Quizás yo estaba equivocada, pero esa era mi receta, y de momento siempre me ha ido bien. Aunque la pregunta adecuada no es ¿Y con esa norma, te fue bien?, sino ¿Y amaste a las cosas y personas correctas, o dejándote llevar, te saltaste más puertos de en los que te bajaste?
Esa, niño con ojos de búho, esa es la pregunta que aún después de tantos años, no he sabido responder.

                                                    
                                                                             

             

sábado, 2 de febrero de 2013

¿Lo ves? Si somos dos islas en un mar que es gris ciudad.

Me acuerdo de todo lo que dijimos. ¿Sabes? Creo que absolutamente todos tenemos poderes psíquicos, y que solo utilizamos una parte del cerebro, lo creo, porque hay veces que un sueño de hace dos semanas, se cumple hoy, recuerdo, cuando soñé que tú dejabas de tú, y entonces yo... seguía siendo yo.
Un pensamiento me da vueltas durante mucho tiempo, a mí, a tí, y a ella. Siempre hablamos sobre ello, y a veces nos encontramos con personas a las que le suceden, y piensas: No pensemos en cosas que no van a suceder.
Y de repente, sucede.
Yo como siempre, lo niego, una y otra vez, hasta que ya no se puede negar más y lloro. Pero es que negar sienta tan bien. Las mentiras edulcoradas no son malas, ni siquiera deberían calificarse como mentiras, tan solo son verdades para niños. Por supuesto que no vendrá el coco, ni el hombre del saco, pero tampoco hay nadie que te cante debajo de tu ventana, lo primero porque mi ventana no da a la calle.
Nadie te regalará flores, porque las odias. Nadie te recitará tus frases favoritas de tus libros preferidos, porque nadie los conoce. Nadie te dirá buenos días, porque cuando despiertas, los únicos seres vivos que están cerca de tí, no saben hablar.
Peor son mentiras que se creen todos, así que yo no soy más culpable ni menos por negarlo. Por negarme.
Es todo tan melancólico. Lo de ayer.
Cuando todos hablan de futuro yo pienso en el Martes, y no me gusta, porque hacen de algo muy bonito, algo horrible. Si te obligan a algo, deja de ser bueno, si te dejan hacer, ese algo será productivo.
Las cosas no paran de repetirse. Me canso. En todo lo mismo. Y me da igual. Será cosa de la edad.
Quiero escribir algo lo que sea. Pero tengo que hacerlo, me siento mejor después.
Quizás esto no sea nada. No somos nada. Pero a lo mejor tú si.
Quiero recuperar lo perdido, porque nunca fui alguien normal a quien le gustaran los otros niños, a mi no. Si te acostumbras a jugar sola, cuando te dan a elegir, prefieres seguir sola.
Esto es demasiado corto, pero suficentemente largo como para dormir bien. No pretendo que sonrías, pero espero que me olvides, con un sombrerito imaginario encima de cabeza, ese sombrerito que siempre busco, que nunca encuentro, que ninguno me queda bien, pero cuando me lo imagino ahí, tan rojo, tan perfecto, justo encima, justo encima de cabeza, con una pluma, me gustan las plumas, hablando italiano, también me gusta el italiano, comiendo un helado de tarta de queso con fresas, me gusta el helado y la tarta de queso con fresas. Todas las cosas que me gustan... Dahlí, Baricco, Cassandra, Wharthon, Dickens, Tolstoi, el club de fans de Jhon Boy, verano, sol, noche, los poetas, la gente invisible, el altruismo, los besos que no se dan, los corazones reprimidos que ansían libertad, porque eso es lo que hace que luchen. Mi mundo no es útopico, pero si en el que vivimos lo dirigen cuatro, ojalá esos cuatro algún día piensen igual que yo, entonces todo sería un caos, pero que hermoso caos. Evaporándonos entre la gente, jugando entre las sombras de los edificios, siendo Wios... Solo eso. Solo eso.
Solo eso y ya nunca más escuchar que alguien quiere ser alguien matando a los alguien. Y que tú puedas tener la vida que quieras, sin pedir antes permiso.


muchacha, especial, cosecha
¿Lo ves? Si somos dos islas en un mar que es 
gris ciudad.
Dí quién, ¿Quién de los dos se atreverá a nadar?


                                          

miércoles, 30 de enero de 2013

Llueven rosas en la calle tres.

Abre la puerta de la entrada y un suspiro se escapa de entre sus labios suaves y delicados, su propio aliento los acaricia disfrutando del contacto, se esfuma y funde con el aire de la casa ya instalado.
Es de noche. No muy tarde, ni muy pronto. La luna quiere entrar, y lo hace. Ya no hace falta que encienda la luz.
El aliento fundido con el aire le dice a la luna a lo que saben sus labios y ella no bastándose con eso le pide acariciar su cuerpo, mientras sus brazos, rayos de luz clara, la inundan.
Y esta acepta la invitación.
Con la mirada perdida y las sombras que reflejan su cuerpo y los muebles, se retira, decidida, el tirante derecho de su vestido negro.
Si hubiese tenido los zapatos puestos se los habría quitado primero pero el silencio se los había arrancado, para acabar tirados en mitad del pasillo.
La luna extasiada espera paciente al otro tirante resbalarse por el brazo izquierdo.
Las farolas querían verla sonreír pero ella se mantenía sería y ausente de todo menos del deseo de la noche.
Antes de que el vestido se le resbalase por las curvas de su cuerpo se acerca a las cristaleras que hacen a la vez de ventana y pared. En frente de su edificio, había uno igual al suyo pero con diferentes corazones latiendo, no todos estaban en casa esa noche, unos dormían y otros no hacían nada, pero ella se imaginaba que todos estaban pendientes de su próximo movimiento.
No se equivoca tanto; él, que la observaba desde hace mucho, o poco, según se mire, observa como mira el tráfico a su alrededor, como dedica solo un segundo a recorrer su propio edificio y como no le ve a él, se da cuenta de que la luna la espera, no sabe como pero lo sabe, quizás sea porque parece reposar entre nubes, o quizás porque ha dejado de alumbrar al mar para alumbrarla a ella.
El ruido de fuera le llega amortiguado, y deja caer el vestido, se deja ver por la luna que la empapa. Entonces él tiene miedo. Algo le recorre de arriba a abajo y averigua sin sorprenderse que la ama, sin conocerla, como la luna, en silencio las cosas se saborean mejor.
Ella se lo permite, porque lo hace para la ciudad aunque esta parezca no darse cuenta, se desabrocha la parte de arriba de su ropa interior y queda expuesta aunque no completamente, todo sigue según su ritmo normal, pero a ella no le importa; que le sigan lamiendo los rayos de luna su cuerpo, que él siga sufriendo por querer y no poder, que la farola siga queriendo su sonrisa, que ella le regala su piel y su alma a la ciudad.
Pronto también se quita la parte de abajo y ahora es completamente de su silencio, del silencio de él, de la luna que suspira y de las luces a medio apagar y de la ciudad... que no la mira, pues solo es un corazón más bombeando la misma sangre que en el resto.
Le pregunta al viento si se lleva sus cartas y besos, que se caducan en la mesita de su habitación.

chico, lindo, niña, vidaQue ella lo que quiere es ser amada por una ciudad que no la quiere, que él quiere amarla como la ciudad no lo hace.
Silencio que descansa entre ventanas, cristales y asfalto, desaparece y conviértelo todo en un buenos días por la mañana, en te quieros en el sofá,... pero la luna se va antes de que ella pueda acabar su súplica de enamorada...

                                                                              


domingo, 27 de enero de 2013

Si vas al final, te encuentras con lo mismo del principio.

A nadie parece importarle. Lo que tuviste ya no lo tienes, has vuelto a perder.
¿De que se sorprende? Una vez dijo y escribió que su mayor temor era perder, pero tiene una afición que es superar miedos, por hobby. La semana pasada lo consiguió, y pretende para la próxima superar los que le quedan.
Pero otra vez; hay que aprender a no prometer a no decir la palabra eterno, porque todo se termina y nada es efímero ni siquiera tú.
Echarse la culpa así mismo le parece otra forma de perder, así que no lo hace. Pero piensa que hacer para dejar de hacerlo, para dejar de perder la misma jugada con distintos jugadores.
Ya casi le parece cómico y sonríe contra el cristal de la burbuja creada a base de pensamientos muertos. Leer a Neruda no es la mejor solución, pero no hay soluciones válidas a decidir que clase de medidas suicidas de recordatorios en el calendario hay que tomar.
Escuchar una música que no entiende parece ser la tila que no calma, parece estar echa para ella.
Si se conociera así misma en una mesa cerca de la ventana y se viera sonreír, se enamoraría. Hay quien no lo entiende, pero es muy fácil: Tú te haces según te parece que eres mejor que antes, si pretendes cambiar lo haces a mejor y tus actos se rigen por una ética y moral que crees correcta y justa. Contigo mismo podrías hablar y filosofar con todo lo que quisieras y no pasaría nada, porque tú mismo no te vas a crucificar, te harías reír y conociéndote nunca harías algo que te fuera infiel a tu persona y si lo haces, ¿que importa?, tendrás que perdonarte tarde o temprano.
Te quieres y dejas de hacerlo, te das un tiempo y vuelves, intentas no mentirte y nunca reprimirte de ser quien quieres ser. Ser amigo de uno mismo, interesante. La mejor idea que ha tenido en toda su vida, y es fácil, y no hacen falta complejos, porque tú ya te amas, solo te tienes que gustar a ti, y puedes jugar a ser muchas personas, para después volver a ser tú y saludarte con una gran sonrisa de bienvenida.
Podrías ser y sería fácil, podrías complicarte entonces la vida y tú ya no te bastarías, entonces cerrarías la puerta del piso que decidiste compartir contigo y harías vida nueva lejos de ti. Entonces recordarías todo lo que eras y te echarías de menos, y cuando volvieras y te dieras cuenta de que hace tiempo que aquel tercer piso está vacío volverías a instalarte allí por los viejos tiempos.
Y luego, todo lo que harías luego sería todo aquello que no hiciste antes porque repetir actos y errores no está en tu lista de tareas por hacer.
Y si pierdes al solitario siempre puedes volver a hacerte la revancha, porque aunque sea difícil hablar consigo mismo, se consigue y tus ojos solo brillan para ti.
Has vuelto a perder, pero como siempre; se recogerán los pedazos de algo roto, y se escribirá una nota firmada con tu anónimo. Aquellos anónimos que todo el mundo sabe quienes son.
Permítete odiarte para reconciliarte.

Has vuelto a perder pequeña, 
pero no derrames lágrimas por nada,
yo lo has echo demasiado.
Te he preparado tu sandwich preferido
hazme el favor de comer algo, mañana te traeré para desayunar
croissants como los que a ti te gustan.

Tú Anónimo.

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~Prometo echarte de menos cada vez que te recuerde,
prometo olvidarte cuando ya no me hables;
Prometo poner cuanto más candados enredados en la eternidad,
porque cada vez que diga fuck the world, 
soñaré con etiquetas y promesas:

-Fuck the world.
Te veo esta noche
.

~Going in Circles~


                                                                             

lunes, 21 de enero de 2013

7. Last Summer.

Rafe hizo volar una pestaña que se había desprendido de su ojo derecho. Se había quedado unos segundos con los ojos cerrados y después había soplado.
Los deseos se pedían así, en silencio, sopesando las opciones entre todos tus sueños, pensando en que hacer con la pequeña pestaña que había decido caer.
-¿Que has pedido?
Entrecerré los ojos, el sol me daba en la cara y me hacía no ver bien el rostro de Rafe, el miraba hacía delante y estaba serio, no parecía muy convencido de que el deseo se cumpliría porque sino estaría dando saltos de alegría. Las hojas secas del prado se me clavaban en las palmas de la mano. Estábamos cerca del faro, en un campo no muy lejos de la costa, era espacioso y parecía solo servir para pasto de vacas y demás animales de ganado.
Para mi no era más que un prado donde los bichos no deseados te escalaban los brazos y te picaban las piernas. Quería irme de allí lo más pronto posible pero por no molestar la placidez de Rafe soportaba cualquier cosa, su nariz llena de pecas aspiraba el aire campestre lentamente, sin prisa, y a mi ver su respiración me relajaba tanto que casi me quedaba dormida sobre aquellas hiervas punzantes y molestas, bajo ese sol que calentaba el mar, el faro, las gaviotas y a mi... Me apoyé en los codos y cerré los ojos; estaba a punto de cumplir mi deseo sin haber soplado ninguna pestaña cuando Rafe habló.
-Que nada cambie.
Lo dijo muy serio y pensativo y me hizo recordar los olivos. Los olivos eran uno los árboles que más le gustaban a mi abuelo, Julio Harrison, cuando hablaba de ellos, aún teniendoles mucho cariño, siempre los nombraba serio y pensativo, los acariciaba y miraba las hojas por si alguna oruga que pronto que convertiría en mariposa había decidido instalarse allí.
Abuelo decía: 'Que bonito es el paisaje que solo se aprecia cuando no quieres ver nada más que lo que tienes delante de tus narices, pero hay que mirar más allá Alicia, porque delante solo se encuentran olivas enlatadas, pero si miras más allá ves a gente acariciando los troncos de los olivos torcidos para que se pongan rígidos, ves esfuerzo y dedicación. Hay que mirar más allá.'
Y yo como buena nieta, le parafraseé en la mente y le hice caso. Miré más allá de unos ojos tristes y pensativos y me imaginé que fue lo que había provocado que el chico risueño y amable se convirtiera en una tercera parte de la sombra de mi padre.
-Las cosas tienen que cambiar, para bien o para mal pero lo tienen que hacer sino... ¿que sería de las buenas ideas?
Pensó.
-Puede que tengas razón, pero si las cosas cambian significa que se pierde algo ¿y que es de lo que se pierde, donde queda?
En la mente de los que lo conocieron.
Pero no lo dije, solo le miré y pensé que era lo más triste y hermoso que había visto nunca, como la gramola de su tía, vieja y deshecha, pero hermosa, y yo la recordaría el día que la señora Hays decidiera tirarla, yo la recordaría y nunca se perdería. Yo recordaría a Rafe y el sería el mago de todos los tiempos porque yo lo querría así.
En esos instantes no me imaginé el porque de ese deseo, a lo mejor si no me lo hubiese dicho ni yo preguntado se hubiese cumplido, pero de nada sirve pensar en lo que pudo haber sido y no fue, así que en aquellos instantes en los que él no sonreía y miraba a lo lejos me pregunté porque alguien de catorce años pide que nada cambie, y piensa en perder cosas, cuando a esa edad se supone que debes ganar.
Me llevó a casa a las ocho pero no se fue hasta las diez, estuvimos jugando a las tres en raya, Rafe perdió tres veces, la señora Hays y yo empatamos, en la revancha volvimos a quedar empatadas y el sonriendo aceptó la derrota. La señora Hays y yo empatamos en otra cosa; en fe, las dos creímos demasiado, confiamos en promesas rotas, y sugerimos volver a firmar contratos sin ningún valor, solo por agarrarnos a algo si todo se derrumbaba. No sirvió de nada, y no lo sabíamos.

Derramé un par de lágrimas antes de que Alex se acercara corriendo limpiara mis mejillas con la yema de los dedos, leyera las dos última líneas y como una ficha de dominó; empezar a llorar también. Rufián se arremolinó a nuestros pies y ronroneo quedamente. Los tres corazones rotos, dos heridos y uno robado, se abandonaron al llanto durante un rato, después cerré la libreta y la guardé en el cajón del escritorio.